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¡Viva Les Bleus!

Con solidez, pragmatismo y un poder de gol inigualable, Francia goleó a Croacia y se transformó en un indiscutible campeón.

Francia no dejó dudas. Era el favorito y respondió a las exigencias. Con su esquema de siempre (solidez, fútbol en cuentagotas y un poder de gol devastador), le ganó claramente a una Croacia que luchó como siempre, pero fue superada.

El inicio del partido, sorpresivamente, mostró a los balcánicos con la pelota y la iniciativa, cedidas adrede por una Francia astuta. Y cuando Croacia se insinuaba mejor, a los 18 minutos un tiro libre de Griezmann encontró en el camino la cabeza de Mario Mandzukic, quien en su intento por despejar introdujo la pelota en su propio arco. Uno a cero para les bleus.

Con la desventaja, Croacia no se achicó. Salió a buscar el empate y lo encontró merecidamente a los 28, cuando Ivan Perisic metió un hermoso zurdazo cruzado tras un tiro libre de Modric y una serie de rebotes.

El partido, atrapante y de resultado incierto, volvió a inclinarse para el lado francés cuando el árbitro argentino Néstor Pitana, tras consultar con el VAR, castigó con penal una mano de Perisic. Antoine Griezmann, con frialdad, derrotó a Subasic y puso el 2 a 1.

En la segunda etapa, los balcánicos salieron decididos en busca de la igualdad, pero Francia volvió a exhibir su terrible poder de fuego a los 13 minutos: Mbappé desbordó por derecha, tiró el centro, Griezmann la cedió a Pogba y este, tras un primer remate que rebotó en un defensor, le dio de zurda y la puso lejos de Subasic. Todavía quedaba media hora, pero con el 3 a 1 el partido ya estaba definido. La prueba llegó cinco minutos después: Lucas Hernández se mandó por la izquierda, se la dio a Mbappé y el imparable delantero, con la velocidad y la repentización de un rayo, metió un derechazo mortífero. El triunfo se había transformado en goleada. El marcador se hizo un poco más digno cuando Lloris, inexplicablemente, quiso salir jugando hacia el lado menos indicado y Mandzukic se la pellizcó al gol. El 4 a 2 reavivó la ilusión croata, pero Francia ya tenía el control de las acciones y lo mantuvo hasta el final.

El equipo de Deschamps estuvo lejos de deslumbrar, pero fue un indiscutible campeón. Ganó seis de siete partidos, empató el restante (0-0 ante Dinamarca, estando ya clasificada), definió los cuatro mano a mano sin necesitar ningún alargue y mostró un abanico de figuras en todas las líneas: Varane, Umtiti, Pogba, Kanté, Griezmann y el eléctrico Mbappé. Por eso, podrá haber opiniones diversas sobre el nivel del Mundial, pero nadie podrá decir que Francia fue un inmerecido campeón. Su triunfo fue un tiro para el lado de la justicia. Y la justicia, aunque sea en el fútbol, siempre es bienvenida.